Crónicas Arroceras

Todavía con la resaca de lo vivido, con mil flashes que se cruzan en la cabeza y en el corazón y se reflejan en una sonrisa.

Minutos antes de empezar la presentación, sólo había expectación, y la sensación de que el viaje iba a valer la pena, que aquello que iba a ver acabaría con buen sabor de boca, y así fue.

Comienza y sólo hay unas sillas, y unos cuantos adornos que darían vida a la escena, no hacía falta nada más.

Van apareciendo cada uno de los personajes, con un pequeño texto y música, girando alrededor de cada uno de ellos.
Se hacen cercanos, nos hacen participes de su vida, de su situación.

Un barrio donde las características de sus habitantes podían ser las de cualquiera de nuestros vecinos, amigos o incluso nosotros mismos.
Se presenta un guardia entregado a su trabajo, el profesor de música despedido y perdido, la vecina que aparece de repente… y la música dando vida a todo.

Canciones, sencillamente geniales; cada una de ellas tuvieron un momento concreto dentro del panorama musical: color esperanza, fotografía, I will survive, I´m alive, Don´t stop believing… y otras que forman ya parte de la vida de muchos de los que estábamos allí, mil recuerdos pasaron por nuestra cabeza, y la magia de saber que vosotros y nosotros, en ese momento, hablamos el mismo idioma.

Argumento actual y complicado de tratar.
Se presentó a un profesor desolado por el despido, perdido por el golpe dado a su vida, a su vocación, representaba un “¿Y ahora qué?”
Y allí, en el barrio, le espera una nueva vida, nuevos amigos y vivencias, un futuro incierto que nos hemos quedado con ganas de descubrir…rodeado de gente que le saca una sonrisa, a él y a nosotros, perfecta vida real, un volver a empezar.

Salí de allí con ganas de saber más, de ver más, y con un gracias enorme por todo lo provocado en poco más de una hora.

Lo que se vio fue una reunión de amigos luchando por sacar adelante un proyecto fresco, joven, actual y real.

Cris.

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